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Cuentos de la Tierra de los Que Piensan

10. Apéndice: Preguntas para Seguir Pensando

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Esta es la última escucha del libro, y no trae un cuento: trae lo que queda cuando los cuentos se acaban, que son las preguntas.

Los nueve cuentos ya están contados, y lo que viene ahora es otra cosa. Son las preguntas que cada uno deja detrás, una por cuento, con una actividad para hacer con las manos y un desafío para hacer con el día. No hay respuestas correctas ni incorrectas, y no hace falta hacerlas todas: sirve la que te haga tilín. Puedes hacerlas solo o con alguien, hoy o dentro de un mes, y en voz alta, que es como mejor se piensa.

«Yo soy la Tierra de los Que Piensan, y llevo siglos escuchando estas preguntas. Aquí no vengo a responderlas, porque no son mías. Vengo a dejarlas dichas en voz alta, que es como mejor viajan. Cuando acabe la última, el libro se cerrará. Y eso también es parte del cuento, porque un libro cerrado sigue contando por dentro.»

La primera pregunta es para ti, directamente: la tarea más bonita que has elegido hacer hoy, ¿cuál es?

Y si te apetece, dibuja tu propio ser. En lugar de manos, ¿qué herramientas tiene para cumplir su tarea? Puede tener ojos que escuchan, o pies que vuelan. Después, si tienes cinco minutos, mira un objeto de tu habitación —una lámpara, un juguete— y pregúntate cuál será su tarea secreta en el mundo.

La segunda: ¿conoces a alguien que, como aquel árbol, guarda tus recuerdos y te ayuda a recordar quiénes son tus amigos?

Puedes escribirle una carta de agradecimiento, o dibujar un árbol donde cada hoja tenga el nombre de una persona importante para ti. Y hay un desafío que merece la pena: pregunta a un abuelo, a un tío, a alguien mayor, por un recuerdo de cuando era pequeño que solo esté en su memoria. Cuando te lo cuente, serás una rama nueva de ese árbol.

La tercera: ¿qué secreto, qué idea, qué dibujo tuyo te gustaría que se quedara guardado para siempre, como un tesoro bajo la tierra?

La actividad es una cápsula del tiempo: toma una caja o un frasco y mete dentro un dibujo, una broma, una idea tuya. Escóndela bien, para que el olvido no la encuentre. Y si quieres ir más lejos, haz un mapa del tesoro que marque dónde está, y guárdalo para abrirlo en un año, o en diez.

La cuarta: cuando todo está oscuro y no sabes qué camino tomar, ¿qué luz de dentro te ayuda a decidir?

Dibuja un faro en blanco y negro, y pinta su interior con los colores de las cosas que te hacen sentir seguro: un abrazo, tu mascota, tu lugar favorito. Y hoy, en una decisión pequeña —qué juego jugar, qué camino tomar al pasear—, prueba a no preguntar. Enciende tu propia luz y decide tú.

La quinta: confiar en los demás da un poco de vértigo, como volar. ¿A quién le entregarías tú los hilos de tu cometa, sabiendo que va a volar contigo?

Puedes construir una cometa de papel y escribir en sus cintas los nombres de las personas en quienes confías del todo. Y si te atreves con el desafío, siéntate cómodo, cierra los ojos y cuenta hasta diez sin abrirlos. Deja que el mundo gire un momento sin que tú lo veas. Sentir ese vértigo es el ejercicio.

La sexta: a veces la cabeza está llena de mil pensamientos a la vez. ¿Cómo haces tú para poner orden cuando hay demasiado ruido dentro?

Dibuja tres mensajeros pequeños dentro de tu cabeza, y dale a cada uno una tarea distinta: uno busca la felicidad, otro busca respuestas, otro descansa. Y el desafío es hacer dos cosas que te gusten mucho al mismo tiempo: cantar y saltar, por ejemplo. Y ver cuál de los dos mensajes escucha tu cerebro primero.

La séptima: ¿por qué no siempre hace falta copiar algo para disfrutarlo? ¿Qué cosas del mundo son mejores cuando se comparten sin reproducirse?

Coge una hoja y divídela en dos. De un lado, dibuja algo que necesites copiar para entenderlo. Del otro, algo que solo puedas sentir sin copiarlo. Y esta noche, mira la luna. No puedes tocarla ni copiarla, y sin embargo está ahí para todos. Si te apetece, escribe tres líneas sobre cómo se siente compartir algo tan lejano.

La octava: ¿en qué tierra, en qué lugar, te sientes tú más fuerte y más feliz? ¿Cómo es tu sitio perfecto para crecer?

Imagina que eres una semilla y dibuja la tierra perfecta para ti, con una sola pregunta: ¿llueve mucho, hay sol, estás rodeado de otras plantas o creces solo? Y busca hoy a alguien que se sienta un poco fuera de lugar, y ayúdale a sembrarse. Dile un cumplido, para que su tierra se sienta más fértil.

La novena y última: elegir un camino significa dejar otro atrás. ¿Qué camino no elegiste hoy, y te deja con la curiosidad de saber qué habría pasado?

Dibuja un bosque donde el camino se parta en dos, y en cada sendero, la aventura que te espera si lo tomas. El desafío es para hoy mismo: haz algo que normalmente no harías. Vuelve a casa por el camino que casi nunca tomas. O abre el libro que siempre dejas para después. Crea tu propia bifurcación.

«Hasta aquí he llegado contigo. Las preguntas ya son tuyas. Y yo me quedo donde estaba, debajo de los cuentos. El pensamiento es un viaje que no termina. Cierra el libro, sal al mundo, y sigue abriendo caminos.»

Y aquí se acaba esta versión para escuchar. Gracias por haber llegado hasta el final.

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