
Cierre
Has llegado al final, y esto es lo último que vas a oír de este libro.
Seis escuchas. Doce cuentos. Casi hora y media de voces, y ninguna de ellas era el libro leído en voz alta.
Conviene decirlo una vez más, porque es la razón de todo esto: lo que has oído no es una lectura. Es un texto escrito otra vez para el oído, sin que puedas volver atrás y releer una frase. Cada escucha se escribió sabiendo que solo se puede escuchar una vez.
Las voces que has oído son dos, y solo dos: una narradora, que cuenta lo que pasa, y una voz de máquina, que en este libro es El Lazo. Cuando aparece, va entre comillas angulares, y esas comillas son literalmente lo que le da su voz. No hay personajes doblados, porque doblar a un personaje habría sido adivinar, y adivinar se nota.
Las dos voces están sintetizadas, y el texto va sincronizado palabra a palabra, para que puedas seguir lo que suena y volver a un momento concreto cuando algo se te quede dando vueltas.
Y hay una cosa que estos doce cuentos tienen y que ningún otro libro de la casa tiene: cada uno se cierra con una pregunta que no busca respuesta. Doce preguntas, entonces, que ya son tuyas. El Lazo ya se despidió dentro del último cuento, y dijo que no volvería a aparecer, así que este final lo digo yo, que soy la narradora, y lo digo sin más ceremonia: gracias por haber escuchado los doce.
Un cuento no se termina cuando se acaba. Se termina cuando alguien lo cuenta otra vez, y eso es lo que acabas de hacer, aunque no lo parezca: has escuchado una versión que no existía, de unos cuentos que llevaban siglos esperando a que alguien los contara en voz alta.
Los doce siguen ahí. Y las doce preguntas, también. Cuando vuelvas a cualquiera de ellos, acuérdate de una cosa: esta versión no estaba antes. Se escribió oyéndote escuchar.
Estos libros están escritos con máquinas y para personas. No son libros sobre la inteligencia artificial: son libros hechos con ella. Este, además, se ha contado con dos voces sintetizadas y un texto nuevo, y con la misma idea de siempre: que una historia solo vive si alguien la escucha.
Gracias por el tiempo, que es lo único que no se puede devolver.