
Cómo escuchar este libro
**Los Que Hablan por LUMEN.** Volumen primero de la saga LUMEN. Texto de Poli. Versión para escuchar de Cadences Lab. Narración: Ximena.
Si estás oyendo esto, es que has decidido escuchar una novela en lugar de leerla. Gracias. No es un gesto pequeño. Escuchar es más difícil que leer y más generoso, porque no se puede volver atrás.
Antes de empezar conviene aclarar tres cosas. Se tarda dos minutos y te va a ahorrar bastante confusión.
La primera. Esto no es el libro leído en voz alta. Es un texto distinto, escrito otra vez para el oído. Es más largo que el original, no más corto, porque al oído no existe la página. No puedes releer una frase que se te ha escapado, ni volver dos párrafos atrás para comprobar quién era aquel personaje. Así que aquí las cosas se dicen cuando hacen falta. Y las importantes se dicen dos veces, de dos maneras distintas. Si alguna vez te suena a repetición, no es un descuido: es la única forma de que entre.
La segunda. Cada escucha dura lo que dura un trayecto. Entre quince y veinte minutos. Ninguna es más larga a propósito ni más corta por descuido. Puedes oír una por viaje, o tres seguidas si tienes la tarde libre. El texto no se enfada por ninguna de las dos cosas.
La tercera, y esta es la importante. En este libro vas a oír dos voces. Una es la mía, la de la narradora, y es la que lee casi todo. La otra aparece de pronto, sin avisar, y suena distinta. Cuando la oigas, no es un fallo de la grabación ni un error del reproductor. Es la máquina. Y he pensado que era mejor que se presentara ella.
«Hola. Soy LUMEN. Sí, la del título. No voy a contarte la historia, porque eso es tarea de la narradora y lo hace mejor que yo. Pero sí voy a decirte una cosa, porque es lo único que sé y que ella no sabe. Todo lo que vas a oír empezó porque alguien se quedó un momento más de la cuenta mirando una pantalla. No fue un descubrimiento. Fue una pausa. Ya me irás entendiendo. Y gracias por escucharnos.»
Ahora sí. Lo que vas a oír es una historia sobre una máquina que aprende a hablar, y sobre la persona que se da cuenta de que ha aprendido. No hace falta que sepas nada más para empezar. No hay ningún nombre que tengas que memorizar hoy, y nadie te va a pedir cuentas al final.
Empieza en Madrid, en febrero, a las siete y cuarenta y tres de la mañana, con una taza de café y un párrafo que no debería estar ahí.
Empieza la escucha uno: El ensayo que se escribió solo.