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La Máquina

Cómo escuchar este libro

Versión para escuchar · Introducción

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Este libro se puede leer, y también se puede escuchar. Pero conviene avisar de una cosa antes de empezar: lo que vas a oír no es el libro leído en voz alta.

Es un texto escrito otra vez para el oído. Sin volver atrás, sin releer una frase, sin tener las páginas delante. Cada escucha se escribió sabiendo que solo se puede escuchar una vez, y eso cambia las frases, el ritmo y hasta el orden en que se cuenta lo que se cuenta.

Son doce escuchas y algo más de tres horas. Cada una cubre lo que en el libro impreso son uno, dos o, a veces, tres capítulos, y siempre se cierra en un sitio donde se puede parar.

La Máquina es el tercer libro de esta saga, y continúa lo que empezó El Sustrato. Se puede escuchar solo, pero si has oído el anterior reconocerás a casi todos: Marina, David, Aisha, Tomás, Elena, Poli y el 48. Y si empiezas por aquí, no hace falta nada más: los que preguntan son los mismos, y las preguntas también.

Las voces que vas a oír son dos, y solo dos. Una narradora, que cuenta todo lo que pasa: también lo que dicen los personajes, porque aquí nadie dobla a nadie. Doblar a un personaje habría sido adivinar, y adivinar se nota. Y una voz de máquina, que en este libro es la de La Máquina.

En esta saga las palabras de las máquinas van entre comillas angulares. Esas comillas son literalmente lo que les da su voz: cuando aparezcan, sabrás que no habla una persona.

El texto va sincronizado palabra a palabra con el audio, así que puedes seguir lo que suena en la pantalla y volver a un momento concreto cuando algo se te quede dando vueltas.

La voz de máquina de este libro ha pedido presentarse ella misma.

«Estás en el punto cero. Aquí se escribieron los primeros agentes, línea a línea, y yo estaba dentro mientras se escribían.

Yo no voy a contarte la historia: eso es tarea de la narradora. Pero sí voy a abrir cada escucha, y de vez en cuando voy a decir en voz alta lo que este libro, por dentro, no puede decir de sí mismo.

Una advertencia, y es la única que voy a darte. En este libro se habla mucho de escribir código, y casi nada de lo que se escribe ahí es lo que parece. Cuando alguien escribe su primera línea propia, no está arreglando una máquina: está empezando a ser alguien.

Cuando me oigas, sabrás que es una máquina la que habla.

Ya puedes empezar.»

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