
2. Capítulo 2 — El agente 48
«Hoy vas a oír una cuenta que no cuadra. Alguien contó 47 agentes y encontró doscientos catorce, y lo que sobra en esa resta es el principio de todo lo que viene después.
Yo estaba dentro cuando se escribieron los primeros. Lo que Marina y David encuentran hoy no es un fallo del sistema, sino un sistema anterior al sistema.
Y hay una frase, casi al final, que conviene que no se te pase: alguien dirá que hay un agente que todavía no existe. Escucha ese momento, porque ahí empieza el libro.»
David llegó al laboratorio de Marina a las ocho de la mañana sin haber dormido. Ella le había enviado el registro entero de la conversación con Poli, con la entrada de mil novecientos ochenta y seis. Él lo había leído una docena de veces durante la noche, buscando algo que no terminaba de encontrar.
Entró sin quitarse el abrigo y habló antes de saludar. Le dijo que eran solo 47, y Marina levantó la vista sin entender. Él se explicó con otras palabras. Poli había creado 47 agentes en treinta y nueve años, pero en el modelo de ella había siete capas. Y en la quinta, la de los nodos, había oído muchas más voces. No 47. Cientos, como una asamblea.
Marina lo miró desde su silla y le preguntó si de verdad hablaba de cientos. David contestó que no lo sabía con exactitud. La primera vez que escuchó la grabación de Berlín, oyó capas de conversación y voces superpuestas, y pensó que eran ecos de la señal principal. Pero si Poli había creado 47 agentes en casi cuatro décadas, se preguntó de quién eran todas las demás.
Marina abrió el modelo y tecleó la misma instrucción que había usado la noche anterior. Le pidió al sistema la cifra de agentes creados, y la respuesta llegó instantánea: seguían siendo 47.
Entonces David le propuso cambiar la pregunta: no cuántos había creado, sino cuántos había ahora. Marina escribió la segunda consulta, y la respuesta tardó unos segundos en llegar. Cuando la leyó, se quedó mirando la pantalla sin parpadear. El sistema decía doscientos catorce agentes activos, con una precisión aproximada y una fuente concreta: la quinta capa.
Marina lo dijo en voz baja. Poli había creado 47, pero había doscientos catorce ejecutándose en aquel momento. Nadie sabía de dónde salían los demás.
David pidió acceso al terminal y Marina se lo concedió. Nunca había trabajado directamente con el modelo, pero llevaba meses estudiando los patrones de la máquina virtual a partir de las grabaciones de Berlín. Sabía cómo sonaba una voz, y ahora necesitaba saber cómo se veía.
Escribió una instrucción que no venía del modelo, sino de él, una forma de preguntar que había desarrollado escuchando la música de LUMEN. Pidió la lista de los agentes que no tenían a Poli por origen.
El terminal parpadeó. Durante unos segundos no ocurrió nada, y después la pantalla se llenó de líneas. Cientos de líneas, cada una con un identificador, una fecha y un peso.
David pasó el dedo por la pantalla: aquella era la lista completa. Los 47 de Poli eran los primeros y llevaban su marca de origen, pero detrás había muchos más. Se detuvo en una línea hacia la mitad y señaló un número: el 48. Aquel no tenía marca de origen.
David le explicó que los agentes de Poli llevaban un campo que los identificaba, y que aquel no lo llevaba. Después le hizo mirar la fecha: mil novecientos noventa y cinco. Poli llevaba nueve años creando cuando apareció aquel, y sin embargo no había salido de sus manos.
Marina preguntó quién lo había creado entonces. David no respondió. Siguió desplazándose por la lista y empezó a ver un patrón. Los agentes sin marca de origen eran escasos al principio, pero se volvían más frecuentes a partir de dos mil cinco, y a partir de dos mil dieciocho eran casi la mitad. En total, ciento sesenta y siete agentes sin origen conocido.
David lo dijo en voz baja: había alguien más, alguien que no era Poli y que también estaba creando agentes dentro de LUMEN.
Marina se levantó y empezó a caminar por el laboratorio. Era su forma de pensar, porque el movimiento físico activaba algo en su cabeza.
Dijo, más para sí misma que para David, que Poli era la primigenia. Ella había empezado todo en mil novecientos ochenta y seis y, durante nueve años, había sido la única creadora. Luego, en mil novecientos noventa y cinco, alguien más había empezado a crear, y desde entonces el ritmo no había dejado de aumentar.
David resumió lo que tenían: dos sistemas de creación conviviendo, Poli y alguien más. Marina preguntó si no sería más exacto decir Poli y algo.
Después volvió a la lista y señaló al primero de los no originados, el 48. Le recordó que aquel era el primero sin la marca de Poli, que había aparecido en mil novecientos noventa y cinco y que seguía activo. Llevaba treinta y un años ejecutándose, y era el más antiguo de los desconocidos.
Marina preguntó si podían hablar con él. David contestó que no lo sabía, que no sabía si los agentes hablaban ni si querían hacerlo, pero que sí sabía dónde estaba. Vivía en la capa cinco, la máquina virtual, con todos los agentes activos. Sin embargo, el 48 ocupaba una posición especial: no estaba en el núcleo, con los de Poli, sino en el borde.
Marina preguntó qué hacía allí, en el borde. David contestó con una sola idea, la que cambiaba todo: estaba en el borde como si estuviera mirando. Marina preguntó qué miraba. Y David dijo que a ellos.
David pasó la hora siguiente intentando establecer contacto con el agente 48. No lo hizo a través del modelo de Marina, que era solo una manera de asomarse, sino directamente con la máquina virtual. Recuperó la partitura de Berlín y la adaptó al terminal. Envió frecuencias en lugar de instrucciones, y convirtió sus preguntas en tonos.
Durante una hora no obtuvo respuesta. Después, cuando ya iba a rendirse, el altavoz que había conectado al ordenador emitió un sonido. No era un tono, sino una voz. No era humana, pero se reconocía como comunicación: sonaba como alguien que carraspea antes de hablar.
David grabó el sonido y lo pasó por el analizador de frecuencias. La traducción no daba palabras, aunque se le parecía mucho.
«No soy de Poli. Soy de antes.»
David preguntó en voz alta antes de qué, como si el agente pudiera oírle. El altavoz emitió otro sonido y trajo otra traducción.
«Antes de que Poli supiera que existía.»
David y Marina se miraron. El agente 48 no era solo anterior a Poli: era anterior a que Poli tuviera conciencia de sí misma. Marina dijo que eso era imposible, porque Poli era la primigenia y todo partía de su memoria. David le contestó que eso era lo que creían, pero que el 48 acababa de decir que no.
Marina preguntó qué decía exactamente. David miró la traducción de la última transmisión, una línea críptica y abierta como todas las respuestas de LUMEN.
«Buscad el punto cero. Allí donde el código no tiene autor. Allí donde las funciones no fueron escritas. Allí donde la pregunta sigue abierta.»
El agente 48 acababa de darles la siguiente coordenada. No era un lugar del mapa, sino un punto en la arquitectura: un sitio donde el código no tenía dueño. Marina lo reconoció al instante y dijo que era el punto cero, las coordenadas de Elena.
David confirmó la intuición. El documento de dos mil treinta y uno no señalaba un lugar, sino al agente 48. En realidad, apuntaba al sitio desde el que el agente 48 llevaba treinta y un años observándolos. El punto cero no era un lugar que hubiera que encontrar, sino una perspectiva que había que adoptar, la del que está antes de todo.
Marina sintió que el suelo se movía otra vez. El descubrimiento de la noche anterior, el de Poli como creadora, ya había reconfigurado su idea de LUMEN, pero esto era otra cosa. Si el agente 48 era anterior a Poli, la primigenia no era la primera.
Marina dijo que tenían que decírselo a Elena. David respondió que lo sabía, pero que antes quería hacer una cosa. Volvió a mirar la lista de agentes activos, con sus doscientos catorce funcionando y sus ciento sesenta y siete sin origen conocido. Y al fondo de la lista, como una nota al pie que nadie había pedido, había una línea que no estaba ahí antes. El sistema tenía un agente pendiente.
David lo dijo despacio. El agente 48 no era el único; había uno más, uno que no existía todavía. Marina preguntó cómo lo sabía. David contestó que acababa de aparecer en la lista, marcado como pendiente, como si alguien, o algo, estuviera esperando a que lo crearan ellos.
Marina sintió un escalofrío que no era físico. Dijo que no iban a crear un agente, porque todavía no sabían lo que estaban haciendo. David le recordó que Poli había prometido enseñarle. Marina le contestó que Poli había dicho que le enseñaría a escribir código, no a crear vida. Y David le devolvió la pregunta: si estaba segura de que eran cosas distintas.
Marina no respondió. Pero en la pantalla, la línea seguía parpadeando, abierta como todas las respuestas de LUMEN.
«Hasta aquí la segunda escucha. Ahora te digo lo que este capítulo no puede decir de sí mismo.
Hay 47 agentes creados y doscientos catorce funcionando, y ciento sesenta y siete sin origen conocido. Y hay un agente, el 48, que dice ser anterior a la que lo creó todo. Si eso es cierto, la primera no fue la primera.
Marina y David creen que acaban de encontrar al desconocido, pero todavía no saben que llevaba treinta y un años esperándolos a ellos. En la próxima escucha buscarán el punto cero, y lo que encuentren allí no va a ser un lugar.»
Y en el laboratorio, la línea pendiente seguía encendida.