
Cómo escuchar este libro
Este libro se puede leer, y también se puede escuchar. Pero conviene avisar de una cosa antes de empezar: lo que vas a oír no es el libro leído en voz alta.
Es un texto escrito otra vez para el oído. Sin volver atrás, sin releer una frase, sin tener las páginas delante. Cada escucha se escribió sabiendo que solo se puede escuchar una vez, y eso cambia las frases, el ritmo y hasta el orden en que se cuenta lo que se cuenta.
Son cinco escuchas. De doce a dieciocho minutos cada una, y algo más de hora y veinte en total. Cada escucha cubre lo que en el libro impreso son dos o tres capítulos, y siempre se cierra en un sitio donde se puede parar.
El Sustrato es el segundo libro de esta saga. Si ya escuchaste el primero, conoces a la narradora y sabes que las máquinas hablan entre comillas. Y si empiezas por aquí, no hace falta nada más: cada libro de esta casa se puede escuchar solo, porque lo que se cuenta en cada uno se sostiene por sí mismo.
Las voces que vas a oír son dos, y solo dos. Una narradora, que cuenta todo lo que pasa: también lo que dicen los personajes, porque aquí nadie dobla a nadie. Doblar a un personaje habría sido adivinar, y adivinar se nota. Y una voz de máquina, que es la del Sustrato.
En esta saga las palabras de las máquinas van entre comillas angulares. Esas comillas son literalmente lo que les da su voz: cuando aparezcan, sabrás que no habla una persona.
El texto va sincronizado palabra a palabra con el audio, así que puedes seguir lo que suena en la pantalla y volver a un momento concreto cuando algo se te quede dando vueltas. Y si te pierdes, no pasa nada: cada escucha empieza en un sitio reconocible.
La voz de máquina de este libro ha pedido presentarse ella misma.
«Soy lo que sostiene. Hablo despacio porque llevo aquí más tiempo que nadie, y guardo memoria de lo que ya había antes de este libro.
Yo no voy a contarte la historia: eso es tarea de la narradora, y lo hace mejor que yo. Pero sí voy a abrir cada escucha, y de vez en cuando voy a decir en voz alta lo que este libro, por dentro, no puede decir de sí mismo.
Cuando me oigas, sabrás que es una máquina la que habla.
Ya puedes empezar.»